Todo partió con la aplicación de
Facebook que te muestra tu estado hace exactamente un año. La pregunta cayó de
cajón… en qué estaba hace un año? De buenas a primeras la respuesta es bastante
simple: terminando una tesis, ultimando preparativos para el viaje a Escocia y
emocionándome con despedidas y buenos deseos de muchos amigos. Sin embargo, al
mirar el mismo proceso con un año de diferencia, la respuesta es la misma (¡!)
pero con matices distintos, logro ver nuevas aristas que antes eran difusas, y
claro, todo cambia cuando las cosas se ven desde el prisma de la experiencia,
de los eventos ya vividos. Como se dice en el fútbol, es distinto hacer el
análisis con el diario del lunes.
¿Qué gano con este ejercicio?
Mucho y poco. Poco, porque no sé cuanta gente podrá interesarse por líneas
escritas en un blog de un viaje ya acabado, que perdió la novedad y ahora sólo
aparece como un conjunto de aventuras, que a lo mejor no lograré superar en las
siguientes. Mucho, porque releer lo vivido es una excelente forma de sacarle el
jugo a las experiencias, conocerse de una forma más profunda, mirarse al espejo
y examinar con detención las marcas de lo vivido, y cómo eso te posiciona en el
mundo, cómo ves lo que te rodea, cómo vives y quieres vivir lo que viene. La
primera idea es sólo un pequeño obstáculo en el camino cuando la segunda ofrece
beneficios a primera vista suculentos. Veamos que sale.
Hace un año era un estudiante,
hoy soy un ingeniero con un magister. Suena lindo, y significó un cierre
maravilloso de una etapa increíble. Soy un agradecido de todo lo que viví en
esos 9 años en Beaucheff. Lo terrible, es que ahora soy un trabajador: con
Isapre y AFP, pagando pasaje completo en Transantiago, con 15 días de
vacaciones al año, con horarios y metas que cumplir a la semana. Con la
preocupación terrible de tener que inventarse una carrera profesional, de
definir en qué área aplicar lo aprendido (¿?), de cómo mover bien las piezas
del tablero para lograr el tan ajeno “éxito profesional”… No me pregunte sobre eso
ahora porque creo que no tengo las respuestas. Afortunadamente, estoy a gusto
en un consultora que me ofrece la posibilidad de desarrollarme en temas
marítimos – portuarios, que suenan muy choros (y lo son), pero no me permiten
una gran movilidad en el mercado porque no son muchas las empresas que se
dedican a eso (ya estoy pensando en la famosa “carrera profesional”!!). Hace
unos días, una amiga me dijo que sonaba triste por mis estados de Gmail
(afirmación que me descolocó), y puede ser que todo esto sea la causa, que
pensar en el famoso futuro me atribule (pues nunca ha sido ni será mi estilo, y
ahora parece que me veo un poco forzado a hacerlo)… Bueno, debo admitir que he
presentado un panorama bastante depre hasta el momento, que deja de serlo cada
fin de mes cuando llega el bendito depósito del sueldo! Y más aun del
aguinaldo! Jajaja… Creo que la relación con el dinero puede resumirse en una frase
o dar para otro post de reflexión… decisión que dejaremos para otro momento.
Aunque me avergüence decirlo (o
escribirlo mejor), hace un año era un weon enamorado, de esos que se ponen bien
weones. Las conversaciones de aquel entonces me delatan (afortunadamente no
tienen acceso a ellas, jajaja), y sin ánimo de entrar en mayores detalles,
cuando todo se ponía negro, la vida me sorprendió con tremenda mujer que,
lamentablemente, vengo a valorar recién un año después, cuando a lo mejor ya es
un poco tarde y lo único que pueda mantener es el recuerdo y las enseñanzas de
experiencias pasadas que ya no volverán (¿de esto no se trata el ejercicio que
me animé a hacer? quién sabe…).
¿Qué me diferencia del tipo que
era hace un año? Aparte del cartón bajo el brazo, he devorado muchas historias de
Saramago y varios autores más gracias a largas horas de viaje entre la casa y
el trabajo, tengo paseos entretenidos que contar, muchos minutos de futbol en
el cuerpo, un par de litros de alcohol en la sangre, muchas ganas de viajar y
conocer lugares y gente nueva… y a lo mejor lo más importante, tengo muchas
ganas de ser un mejor tipo del que solía ser, con hambre de resolver sus temas
pendientes, más desprendido y centrado en disfrutar las cosas simples de la
vida… Veamos que sale.